los #hermanitos se reacomodan

'La distancia que nos separa': Un padre para recordar

Publicado: 2015-12-28

Nos complació enormemente que la obra más vendida en la Feria Internacional del Libro haya sido 'La distancia que nos separa' de Renato Cisneros (Lima, 1976). Sin duda, incidió en ese éxito que Cisneros se haya hecho conocido en los medios masivos de comunicación (televisión, radio e incluso internet, con un blog donde buscaba novia, nada menos) y que el libro prometiera ventilar los “trapos sucios” familiares, al parecer ubicándose dentro de la generalizada impudicia y cinismo escandalizador con que tantas figuras mediáticas exhiben su vida privada. 

Felizmente, en este caso, Cisneros nos ha obsequiado un relato literariamente excepcional. El propio autor aclara que constituye una “novela de autoficción”, que tiene como eje la vida de su padre, el recordado general Luis Federico “El Gaucho” Cisneros (ministro del Interior durante el régimen del Francisco Morales Bermúdez y ministro de Guerra durante el segundo mandato de Belaúnde Terry).

Se basa en una indagación minuciosa de los hechos sobre los que trata de establecer la verdad (no la mera verosimilitud, correspondiente a la novela propiamente dicha). Sin embargo, Cisneros constata que la realidad tal cual no puede ser apresada cuando se trata de los seres humanos, peor si son tan complejos como su padre, existiendo versiones muy distintas sobre lo que efectivamente ocurrió: “Una mañana entendí que no quería hacer un perfil ni una biografía ni un documental; que necesitaba llenar espacios blancos con imaginación porque mi padre también está hecho –o sobre todo está hecho– de aquello que imagino que fue, de aquello que ignoro y que nunca dejará de ser pregunta” (p. 349).

Cisneros alcanza un vuelo creador de primer orden cuando (haciéndonos recordar al Inca Garcilaso cuando se proclamaba “mestizo” con orgullo) asume su origen: “Mis padres fueron amantes. Nunca se casaron de verdad. Valentina, yo y Facundo somos hijos naturales. Antes no podía decirlo, pero ahora sí encuentro un orgullo y un placer y una revancha en usar esas palabras, en escribirlas sin avergonzarme ni juzgar ni pontificar ni victimizar a nadie. Antes no podía saberlo pero ahora sí sé que la historia de mis padres […] es la historia de una pasión que triunfa, una pasión que va en contra de un orden conveniente, y que logra que una familia de palabras moral y culturalmente sucias como infidelidad-adulterio-bigamia-ilegitimidad se vuelvan, al menos para mí, amigables y limpias y dignas, sensibles y humanas”. (p. 123).

Puntualicemos que es en la hondura con que retrata a sus personajes –sin maniqueísmo ni condescendencia alguna–, en particular a su padre (uno de los personajes mejor retratados de la literatura peruana), donde brilla la calidad literaria de 'La distancia que nos separa'. No cae en la idealización con que el Inca Garcilaso celebra a su padre, reivindicándolo contra sus detractores; tampoco en la rigidez moral y psicológica con que Arguedas (en los diarios de 'El zorro de arriba y el zorro de abajo') y Vargas Llosa (en 'El pez en el agua', con un perfil rencoroso de su padre) juzgan a las personas reales, al trazar páginas de “no ficción”.

En cambio, la prosa de Cisneros no nos subyuga tanto, a pesar de algunos momentos intensamente poéticos como el que citamos, dignos de los buenos poemarios publicados por él: 'Ritual de los prójimos' (1998), 'Máquina fantasma' (2001) y 'Nuevos poemas italianos' (2007). Fluye con la funcionalidad expresiva y la agudeza analítica de una indagación periodística, fácil de leer, amenizada acá y allá por el humor y cierto toque sarcástico, pero que nada tiene que ver con la posesión de un estilo propio (como los de Garcilaso, Arguedas y Vargas Llosa) o, por lo menos, con la variedad de recursos literarios que, entre los narradores de su generación, ostentan Santiago Roncagliolo, Diego Trelles Paz y Luis Hernán Castañeda.

* Renato Cisneros, 'La distancia que nos separa'. Lima, Editorial Planeta, Perú, 2015 (355 páginas).

(Publicado en la revista PODER, octubre 2015)


Escrito por

Ricardo González Vigil

Crítico de libros.


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